Solamente una vez (Fray José Mojica)

  • En 1940 la muerte de su madre determinó profundamente su cambio de vida.

    En Profundidad

    26 MARZO 2022

    En 1940 la muerte de su madre determinó profundamente su cambio de vida.

Tanto Agustín Lara como José Mojica tenían nombres impresionantemente largos; hasta en eso se vincularon, además de la amistad, la nacionalidad y la música.

Tanto Agustín Lara como José Mojica tenían nombres impresionantemente largos; hasta en eso se vincularon, además de la amistad, la nacionalidad y la música.

El nombre dado por sus padres a José Mojica fue Crescenciano Abel Exaltación de la Cruz José Francisco de Jesús Mojica Montenegro y Chavarín.

El nombre dado por sus padres a Agustín Lara fue Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino.

Fue a Mojica a quien Lara compuso y dedicó su inmortal bolero “Solamente una vez”, pero esta historia tiene un inicio.

No son pocos los músicos que con trayectorias exitosas y mundanas cambian de repente su tónica espiritual y definen rumbos religiosos para sus vidas. Incluso algunos siempre han transitado por esos senderos siendo cantantes o compositores.

Ilan Chester por ejemplo grabó discos de millonarias ventas con música de la fe que profesa, (Hare Krishna) mucho antes de que le conociéramos a través de “Melao” y luego de su propia Banda.

Hace unos cuantos años Juan Luís Guerra anunció su conversión al Cristianismo, y no dejó de hacer música por ello. Ni Ismael Miranda dejó de cantar a pesar de haber dado un importante viraje espiritual a su vida.

Ricardo Ray y Bobby Cruz cambiaron de lo Yoruba a lo Cristiano y en ambas etapas su música fue formidable.

De igual manera son muchos los músicos que han terminado profesando la espiritualidad de los Yoruba y combinan su labor como Babalawos con la música, enriquecedoramente. Adalberto Álvarez fue un ejemplo, así como Johnny Pérez quien antes de sentarse en la estera de Ifá, como sacerdote, vivió momentos inolvidables como integrante de la Sonora Caracas y el Sonero Clásico del Caribe, y como compadre de Miguelitó Cuní y amigo del Benny Moré.

Todo viene a las letras al recordar a José Mojica, uno de los más queridos intérpretes mexicanos, quien de extraordinario tenor, pasó a ser un fraile franciscano, aprovechando también su voz para la causa religiosa. Toda una historia.

Júrame

Atendamos a lo escrito por el investigador José Rogelio Álvarez en la Enciclopedia de México: “José Mojica nació en San Gabriel, Jalisco, el 14 de septiembre de 1895. No conoció a su padre biológico, pero al morir el esposo de su mamá se trasladó con ella a la ciudad de México. Estudió después cuatro años agronomía en la Escuela Nacional de Agricultura, carrera que se vio obligado a dejar, cuando a consecuencia del movimiento revolucionario la Escuela fue cerrada. Este paréntesis en sus estudios, lo llevó a encontrar su verdadera vocación. Tomó clases de canto con el maestro José Eduardo Pierson, después con Alejandro Cuevas, al tiempo que era alumno del Conservatorio Nacional de Música. El 5 de octubre de 1916 debutó en el Teatro Arbeu con la ópera “El Barbero de Sevilla” como primer tenor.

Con el tiempo se marcha a Nueva York donde se empleó de lava platos, hasta que logró ingresar a una compañía de ópera, haciendo papeles secundarios”.

Álvarez apunta que Mojica llegó a dominar 3 idiomas y que practicaba danza, atletismo y equitación, y que además se transformó en actor. El investigador señala que cuando se inició el cine sonoro Mojica filmó en Hollywood su primera película, “El precio de un beso”. Cantada y hablada en castellano, fue una película producida en 1930 dirigida por Marcel Silver y James Tinling, y protagonizada por José Mojica, la argentina Mona Maris y el español Antonio Moreno, cuyo argumento trata de cómo el campesino José Saavedra se juega la vida por besar a una bailarina.

Con gran éxito en la pantalla y el canto, José Mojica dio un giro inesperado a su existencia.

Júrame

La Madre

En 1940 la muerte de su madre determinó profundamente su cambio de vida. Había hecho de todo para compensar los sacrificios que su progenitora pasó para formarlo y apoyarlo en su carrera musical. José Mojica compró una mansión para ella, pero por relativo poco tiempo la habitó.

El protagonista de películas como “Hay que casar al príncipe”, “Mi último amor”, “El rey de los gitanos” y “La cruz y la espada” películas de mucho éxito, abandonaba su vida de fama tanto en el cine como en el canto para incorporarse a la disciplina eclesiástica. Mojica decidió hacerse monje y se recluyó un año en un convento Franciscano en Lima, Perú, para hacer el noviciado. Después pasó al monasterio de San Antonio de La Recoleta, en Cuzco, ordenándose como sacerdote el 13 de julio de 1947, en el Templo Máximo de San Francisco de Jesús, en Lima. Comisionado por sus superiores para fundar un seminario en Arequipa, el ya padre Mojica obtuvo recursos cantando en Radio Belgrano de Buenos Aires en 1949 y dando conciertos semanales en 7 países durante 2 años, entre 1950-1952. Estaba autorizado por su orden religiosa.

En 1958 un terremoto destruyó el inmueble del Colegio Seráfico de San Francisco. Para reconstruirlo, Mojica escribió un libro en 1958 con la historia de su vida y de su conversión: ‘Yo, Pecador’, que alcanzó varias ediciones. En México le compraron los derechos para hacer una película y tuvo breves apariciones en la radio y televisión. Ya en la última etapa de su vida

Una sordera que fue avanzando lo indujo a tomar la decisión de retirarse del canto. Vivió sus últimos días en Lima, Perú como un monje más con el nombre de Fray José Francisco de Guadalupe. El Instituto Nacional de Bellas Artes le rindió un homenaje en ocasión de sus 50 años como cantante en 1969; esa vez fue la última que estuvo en México. Murió como consecuencia de una hepatitis el 20 de septiembre de 1974, a los 79 años de edad en la ciudad de Lima, Perú.

Solamente una vez

Es público y notorio que Agustín Lara, impactado por la confesión de su amigo en torno a que abandonaba el mundo del cine, el espectáculo y la música para ingresar a la vida religiosa (franciscana) compuso y le dedicó un tema de extraordinarias proporciones, tal vez el más divulgado de ‘El flaco de oro’: “Solamente una vez”. Y se podría pensar que el tema es amoroso, de pareja, pero analizando la letra a la luz de este conocimiento cualquiera puede darse cuenta del alcance amistoso y hasta místico de la pieza.

Lo escribió en Buenos Aires, Argentina, donde se encontraba de gira acompañado de otros músicos de México. Le dio el tema a su paisana Ana María González, quien lo estrenó en Radio Belgrano, con el suceso que supuso en lo inmediato. Lara y Mojica eran entrañables amigos.

Hay otros temas de gran importancia cuando se estudia la trayectoria de José Mojica, el admirado por Enrico Caruso, quien llegó a recomendarlo para la ópera de Chicago, en la década de los veinte del pasado siglo. Es notable que José Mojica fue la voz que estrenara el inmenso tema de María Grever, “Júrame”, hacia 1926. Fue en Nueva York.

También es relevante el detalle de su amistad con Ernesto Lecuona a quien conoció en la ciudad de la Gran Manzana. Lecuona reconoció sus condiciones y lo llevó a La Habana, donde fue ovacionado por el exigente público de la isla, pero antes le hizo participar (¿premonitoriamente?) en la película “La Cruz y la Espada”. Fue histórico el triunfo de Mojica en Cuba, isla a la que volvería a cantar pero ya como sacerdote, en 1951.

Alfredo Sadel, Nocturnal

En Argentina, junto a José Sabré Marroquí compuso “Nocturnal”. Fue en 1937, en un viaje por carretera.

El pueblo latinoamericano, que conoció su voz y su admirable y sorprendente impronta, lo recuerda también en temas como “Estrellita”, “Alma Mía”, “Yo Pecador”, Nunca nunca nunca; “María Elena”, “Donde estás Corazón”, “Te quiero, dijiste”, “Un amor que se va”, y “Ojos Tapatíos”, entre otros.

José Mojica es un caso latinoamericano en la vinculación de la música y la religión, arrastrando además a extraordinarios compositores, como Agustín Lara, el sorprendido amigo que le dedicó un tema que posiblemente sea el más divulgado del inmenso compositor de Veracruz.

Sin dudas, la historia y trayectoria de José Mojica es de antología. De fina estampa y extraordinarias condiciones vocales lo dejó todo, hasta sus pertenencias materiales para dedicarse a la vida religiosa. Los mexicanos, los peruanos, los latinoamericanos en general, le siguen recordando como galán y tenor. Es otro ejemplo de la vinculación de religión y música en la música latinoaméricana.

tomado de Telesur

Por Domingo.com/la Revista

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