Comentarios, frases, citas y pensamientos/Domingo La revista

Hoy hablaremos de la relacion simbiótica corazon/cerebro

Ilustración de un cerebro con el hemisferio izquierdo en blanco y negro, y el hemisferio derecho a color

Pensamos con el cerebro y sentimos con el corazón, pero ¿por qué? a veces es el corazón el que termina mandando, tal cual como si fuese el jefe, entonces ¿cómo saber si hacerle caso al cerebro, o al corazón? Pues resulta, que el corazón envía más información al cerebro, que el cerebro al corazón, trabajan haciendo una buena mancuerna, uno con el otro.

Esta es una relación simbiótica, no pueden vivir uno sin el otro ya que el corazón le lleva sangre con oxígeno y nutrientes al cerebro para que despliegue sus funciones como una de las estructuras más complejas del universo.

El corazón se encarga de la homeostasis (equilibrio emocional), consigue reprimir el estrés priorizando la producción de hormonas como la oxitocina. Según HeartMath

¿Quién manda el corazón o el cerebro?

A partir del siglo XIX es que encontramos estudios que detallan la anatomía del cerebro, se nombran algunas de sus estructuras y emergen importantes descubrimientos que nos confirman que es el cerebro el que rige y controla nuestro cuerpo y comportamiento, no el corazón.

Frases sobre el corazón

Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando. Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.

Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza. Anónimo

La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón? Proverbio chino

Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón. Marguerite Yourcenar (1903-1987) Escritora francesa.

Un hombre de noble corazón irá muy lejos, guiado por la palabra gentil de una mujer. Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala. Gustave Flaubert (1821-1880) Escritor francés.

A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa. Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.

La peor de las prisiones sería un corazón cerrado y endurecido. Juan Pablo II (1920-2005) Papa de la iglesia católica.

Se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido, y sin embargo, puede ser que nadie acuda a él. Vincent Van Gogh (1853-1890) Pintor postimpresionista holandés.

Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y larga la mano. Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.

La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer. Joseph Joubert (1754-1824) Ensayista y moralista francés.

Purifica tu corazón antes de permitir que el amor se asiente en él, ya que la miel más dulce se agria en un vaso sucio. Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC) Filósofo y matemático griego.

El corazón tiene razones que la razón ignora. Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.

Mientras que el corazón tiene deseo, la imaginación conserva ilusiones. René de Chateaubriand (1768-1848) Diplomático y escritor francés.

Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos. Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) Escritor francés.

El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo. Charles Pinot Duclós (1704-1772) Escritor francés.

Neurociencias: cerebro y corazón

Saber cómo funciona el cerebro, por qué y cómo recordamos, o entender la capacidad de retener las experiencias en la memoria, aunque sea parcialmente, me ha parecido fascinante desde pequeño.

Lo comparo con la entrada a un enigmático laberinto o quizás a hacer grandes expediciones en un tranvía por el que viaja la memoria, atrapando momentos, almacenándolos y recuperando información para reconstruir todo lo que se encuentre en el camino.

El cerebro, la mente y la memoria, conceptos que en principio parecieran similares, no lo son para la psicología ni para las neurociencias. Estas disciplinas han establecido sus distinciones para cada uno de ellos.

Es curioso que, en los últimos años, las neurociencias comienzan a dar cuenta con más precisión de los pensamientos, los impulsos, las emociones, la consciencia y la toma de decisiones; asuntos que creíamos que estaban exclusivamente ligados a la filosofía, a la ética, a la psicología y al psicoanálisis.

En el libro Usar el cerebro de Facundo Manes y Mateo Niro se advierte que, en las últimas décadas, las neurociencias han tenido un enfoque multidisciplinario que incluye a psicólogos, psiquiatras, filósofos, lingüistas, biólogos, ingenieros, físicos, matemáticos y, por supuesto, neurólogos, entre otros especialistas.

Hoy en día sabemos que el órgano del cuerpo que controla y dirige nuestro comportamiento es el cerebro, pero esta idea no estuvo tan clara hasta el siglo pasado. Lo indudable de esta afirmación es que también ha existido un vínculo inevitable entre cerebro y corazón, aunque ambos estén localizados en lugares distintos. Por ejemplo, los egipcios creyeron que era el corazón el que regía el cerebro o, al menos, que toda memoria e inteligencia provenía del alma.

Los filósofos griegos debatieron incansablemente sobre cuál de los dos órganos tenía un rol más importante: piénsese en Platón, para quien el cerebro era “el asiento del alma” o, por el contrario, en Aristóteles, para quien el corazón era “el continente del alma”.

El hecho es que no fue hasta el siglo IV antes de Cristo que se tuvo evidencia de los primeros estudios anatómicos del cerebro, gracias al filósofo Nemesio. A partir del siglo XIX es que encontramos estudios que detallan la anatomía del cerebro, se nombran algunas de sus estructuras y emergen importantes descubrimientos que nos confirman que es el cerebro el que rige y controla nuestro cuerpo y comportamiento, no el corazón.

Con respecto a las emociones y al corazón, también las neurociencias han hecho investigaciones valiosas. Es a partir de estas que se plantea que el amor modifica nuestro cerebro y que está demostrado que en el estado de enamoramiento se hallan manifestaciones somatosensoriales.

Tanto es así, que en estudios de neuroimágenes funcionales se ha podido detectar que cuando nos enamoramos la corteza frontal del cerebro (vital para el juicio) se apaga; así como el rol que tienen los transmisores químicos y hormonales en el estado de enamoramiento. Aun así, falta mucho por conocer de este sistema nervioso y su relación con la toma de decisiones y las emociones.

Más allá de los cuentos que nos hayan hecho cuando pequeños sobre cerebro y corazón, existe una conexión inevitable, necesaria y fundamental entre el sistema nervioso y las emociones.

No importa, como decía Platón, que el cerebro sea el “divino órgano” porque está ubicado más cerca del cielo; hay que reconocer que gracias al enfoque multidisciplinario de las neurociencias podemos, desde esta nueva perspectiva, pasar repaso de cómo funcionan el cerebro, el pensamiento, la consciencia y las emociones.

Sin duda, conocer mejor la relación y el funcionamiento entre cerebro y corazón será tema de discusión inagotable. Mientras, nuestro cerebro, ese que lo controla todo, seguirá atrapando recuerdos que el sistema de la memoria codificará, almacenará, recuperará y seguirá sintiendo.

Referencia

–Tania A. Ramos González (AZULA)

Gerente de pruebas de Español

College Board Puerto Rico y América Latina

.– Lecturas sobre neurociencia de varios autores

Por Domingo.com/la Revista

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