Las revoluciones no son dirigidas por quienes quieren sino por quienes pueden dirigirlas, y solo pueden dirigirlas las que tienen ese don.

Lo que decide cuando y como debe empezar una revolución no es el factor ideológico, es la capacidad táctica, y la táctica no es izquierdista ni derechista; es una facultad relacionada directamente no con los conocimientos de esta o de aquella materia sino con la aplicación de esos conocimientos, no es el producto de tales o cuales estudios sino un don’ el don de actuar en el momento preciso y en la forma precisa para conquistar lo que se persigue.

Para las masas de los pueblos lo que cuenta en la formación de sus posiciones políticas son los hechos que les causan perjuicio en sus condiciones materiales de existencia, no lo que en la ciencia política se llama ideología revolucionaria; y aunque hemos dicho eso mismo varias veces, en ocasiones en las páginas de esta revista, nos parece necesario insistir en el tema diciendo que no son las ideas de determinadas personas las que transforman a la sociedad sino que son los sufrimientos de la sociedad que transforman las ideas de los hombres.

Alguien puede pensar ante el ejemplo de la obra de Carlos Marx, que con sus ideas él ha transformado a una gran parte de la humanidad, y no ha sido precisamente así. Lo que sucedió fue un estudio de los acontecimientos ocurridos en la historia humana convencieron a Carlos Marx de que la base de la vida del hombre es material, que son las condiciones materiales de existencia de los hombres las que los llevan a luchar para mejorarlas y esa lucha desemboca en procesos políticos de carácter revolucionario.

Veamos un caso de la historia de nuestro país: la idea de fundar una organización secreta llamada La Trinitaria para que ella dirigiera la lucha por la independencia nacional no se formó en la cabeza de Juan Pablo Duarte porque el fuera un hombre de inteligencia excepcional y de pureza patriótica inmaculada: esa idea fue formándose en su cerebro porque la parte que hablaba español del pueblo de la isla que en esos años se llamaba Republica de Haití venía padeciendo de males económicos que achacaba a errores del gobierno.

Duarte percibió esa actitud y en vez de limitarse a pensar que el remedio de esos males era un cambio de gobierno debía ser también un cambio en el estado de sometimiento del pueblo de lengua española a las autoridades haitianas, y como ese criterio era compartido por varios compañeros y amigos suyos se dedicó a poner en ejecución la idea de hacer del territorio de la porción oriental de la isla una república independiente de,.

Lo que le dio categoría histórica a la fundación de la Trinitaria fue la adhesión del pueblo a sus propósitos, y esa adhesión se debió a que desde el año 1836 las condiciones materiales de existencia de las masas del país habían empezado a ser deterioradas por una serie de acontecimientos algunos de los cuales tenían sus orígenes en crisis económicas de países como Estados Unidos y Francia y otros los tenían en cambios atmosféricos como sequias de larga duración.

El pueblo de la parte haitiana de la isla (y decimos parte haitiana porque allí se había establecido la Republica de Haití desde el año 1804) padecía también el deterioro de sus condiciones materiales de existencia, pero naturalmente, ningún haitiano de los que culpaban a Boyer de sus males pensó en separar la parte haitiana de la que ocupaba el pueblo de lengua española; lo que querían los haitianos era derrocar el gobierno de Boyer y poner en su lugar uno diferente, como lo hicieron en el año 1843 cuando llevaron a cabo el levantamiento conocido con el nombre de la Reforma que por cierto recibió apoyo en la parte oriental de la isla de los trinitarios a los que les caía muy bien el derrocamiento de Boyer porque eso facilitaba los trabajos conspirativos que estaban llevando a cabo.

Hay revoluciones que se hacen sin necesidad de que los revolucionarios estén unidos por una posición ideológica y ni siquiera por una organización política o por la autoridad de un caudillo o un líder; tal fue el caso de la Restauración.

Los que organizaron ese movimiento y lo dirigieron no eran conocidos por los que se lanzaron a participar en él, y sin embargo tan pronto comenzó, el pueblo, en sus capas más bajas, lo hizo suyo con tanta pasión que descalabro el poder militar español a tal punto que el 7 de enero de 1865, esto es, antes de que se cumplieran dos años y cinco meses del día en que unos pocos hombres de armas iniciaron la guerra, el Congreso español conoció un proyecto de ley que ordenaba el abandono del territorio dominicano.

La gran mayoría de los jefes dominicanos de esa guerra eran totalmente desconocidos del pueblo cuando ella empezó incluyendo ente esos desconocidos a Gregorio Luperón, y por tanto nadie entro en ella siguiendo a un jefe; al levantamiento de Capotillo no se le hizo propaganda de ningún género antes de que se produjera; la guerra no comenzó con una declaración de principios que la justificara sino directamente con la acción armada.

¿Qué fue, pues, lo que provoco el arrollador alud de pueblo que desde el momento mismo de la iniciación de esa guerra se enrolo en las filas restauradoras y combatió en ella con fiereza de tigre?

Lo que provoco ese alud fue una crisis económica cuando se dio orden de que se retirara de la circulación el dinero dominicano en billetes que debían ser cambiados por billetes españoles, pero como diría de La Gándara, la operación de cambio “se llevaba a cabo con grande lentitud, de manera que con dificultad podía cambiarse en un día a razón de 100 pesos por persona”, y a causa de eso “las gentes se pasaban el día con las papeletas (billetes) en la mano, sin poder comprar lo que necesitaban”, a lo que hay que agregar el descuento que se le hacía a la moneda dominicana: por 100 pesos se pagaban 20 o 30 españoles; y por si fuera poco, se les puso un impuesto a las cargas y en esos tiempos todo lo que se compraba y se vendía se transportaba a lomo de caballos o de mulos cuyos dueños eran bajos y medianos pequeños burgueses que invertían todo su dinero en comprar y alimentar esos animales y su número era alto pero además cada dueño de una recua empleaba peones que hacían el cuido de los animales y los dirigían a los viajes.

Esa política fiscal creaba un tipo de oposición muy peligrosa porque con ella se agraviaba a bajos y medianos pequeño-burgueses de las más diversas actividades, pero peor fue lo que se hizo con los militares dominicanos pasados a la reserva del ejército español; primero se le retraso durante meses el pago de sus sueldos y después se les dejo de pagar con el pretexto de que el gobierno de la flamante provincia española de Santo Domingo no tenía dinero.

Otro tanto sucedió con la revolución haitiana, de la cual hemos dicho repetidas veces ha sido la más compleja de los tiempos modernos porque fue a la vez una guerra social, de esclavos contra amos, racial, de negros y mulatos contra blancos; de independencia porque acabo creando la Republica del Sur, y además, internacional porque las fuerzas de Toussaint y de Jean François combatieron a invasores ingleses y españolas; y esa guerra, que tenía tantas cargas explosivas, fue desatada por acontecimientos que tuvieron lugar, no en Haití-que en los días de la revolución se llamaba Saint Domíngue-, sino muy lejos, en Francia. Esos acontecimientos tienen en la historia mundial un nombre: el de la revolución francesa o como la llamaba Federico Engels, la Gran Revolución.

La Gran Revolución se hizo en Francia para destruir el poder político de los nobles de origen feudal y establecer en su lugar el de la burguesía, y la colonia francesa de Saint Domingue estaba organizada a base de esclavos africanos abajo y blancos y mulatos esclavistas arriba, pero había también blancos que no eran ricos sino empleados de los ricos y del gobierno francés, lo que formaba un amasijo de clases y capas en las que iba a influir la Gran Revolución provocando luchas muy fuertes entre los blancos ricos, de los cuales había muchos con títulos de nobleza, los llamados “pequeños blancos” y los mulatos ricos. En esas luchas hubo numerosos episodios sangrientos en los que murieron personajes conocidos lo mismo de un lado que de otro.

En Saint Domingue, pues, se creó una situación de lucha de clases en los niveles superiores que iba a provocar un levantamiento de esclavos dos años después de haber comenzado en Francia la Gran Revolución, y con ese levantamiento empezó la revolución haitiana, la más profunda y costosa en vidas y en bienes que conoció el Nuevo Mundo.

El jefe del levantamiento de los esclavos de Haití era uno de ellos, llamado Bouckman. Bouckman desempeñaba funciones de capataz de cuadrillas de esclavos de un ingenio azucarero propiedad de un francés riquísimo, miembro del grupo de esclavistas denominado los grandes blancos. Pero casi nadie en Haití sabía quién era Bouckman, un negro africano que con toda seguridad no había oído hablar nunca de posiciones ideológicas ni cosa parecida.

La Gran Revolución había empezado a mediados de 1789; el levantamiento de Bouckman tuvo lugar en la noche del 14 de agosto de 1791 y con el empezó la revolución haitiana que duraría trece años y terminaría con el establecimiento de la Republica de Haití, la segunda de América porque la primera fue la de Estados Unidos, y en los años de lucha a muerte que llevaron a acabo los esclavos africanos contra ejércitos poderosos de Europa, de las filas de los negros salieron grandes jefes como Toussaint Louverture, Henry Christophe, Jean Jacques Dessalines, Alexander Petion, ninguno de los cuales leyó jamás un libro de Marx o de Lenin, y no solo porque a fines del siglo XVIII y a principios del XIX esos libros o se habían escrito sino además porque de haber estado circulando tales obras sus amos no les habrían permitido que las leyeran.

Naturalmente que cuando se hizo la revolución haitiana y cuando se fundó La Trinitaria y se llevó a cabo la guerra de la Restauración la ciencia política no tenía el grado de desarrollo que tiene hoy, pero además la parte moderna de esa ciencia no era conocida ni en la Republica Dominicana ni en Haití, de manera que los jefes revolucionarios mencionados en este trabajo no podían estudiar esas obras y en consecuencia estaban obligados a actuar guiados por apreciaciones instintivas, lo que equivale a decir objetivas, situación que no debería reproducirse en estos tiempos dado que en los últimos cien años la ciencia política se ha desarrollado basada en el materialismo histórico y los que estudian esa materia deben estar preparados para saber cómo debe ser dirigida una revolución y cuáles son las posibilidades de victoria que ella ofrecería.

Sin embargo, los hechos dicen otra cosa. Es verdad que actualmente la Política es una ciencia, pero su ejecución no lo es, porque si es ciencia cuando se le estudia, los que la aplican como tal ciencia dependen en gran medida de juicios instintivos, y por tanto subjetivos, en la misma medida en que dependían de ellos los revolucionarios haitianos y dominicanos de los siglos XVIII y XIX.

En ese aspecto de arte que hay en la aplicación de la ciencia Política lo que explica que los líderes de los Partidos Comunistas más grandes de Europa, el francés y el italiano, no hayan hecho, ni han intentado hacer, la revolución comunista. Es más, el de Francia rechazo participar en los hechos de mayo de 1968, ocasión en que las calles de Paris estaban ocupadas día y noche por multitudes que pedían a gritos una revolución, y nadie puede decir, o siquiera pensar, que la negativa del Partido Comunista francés a actuar en esa ocasión se debió a sus líderes y sus afiliados carecían de una posición ideológica revolucionaria.

Lo que decide cuando y como debe empezar una revolución no es el factor ideológico, es la capacidad táctica, y la táctica no es izquierdista ni derechista; es una facultad relacionada directamente no con los conocimientos de esta o de aquella materia sino con la aplicación de esos conocimientos, no es el producto de tales o cuales estudios sino un don’ el don de actuar en el momento preciso y en la forma precisa para conquistar lo que se persigue. Las revoluciones no son dirigidas por quienes quieren sino por quienes pueden dirigirlas, y solo pueden dirigirlas las que tienen ese don.

Una revolución esta siempre cargada de elementos complejos entre los cuales abundan los antagónicos. Veamos el caso de la que lleva el nombre de rusa por haberse dado en Rusia. Esa, que se considera la revolución clásica de las del mundo moderno, no habría podido hacerse si no se hubieran reunido todas las condiciones que hacían falta para que terminara como termino: inaugurando una nueva época en la historia, la época del socialismo.

La condición inicial fue el estallido de la Primera Guerra Mundial y la participación en ella de Rusia; la segunda fue la alianza de Rusia con Francia y su posición geográfica que obligaba a Alemania hacerles la guerra al mismo tiempo a Rusia y a Francia; la tercera fue su inferioridad militar ante Alemania, una inferioridad tan notable que poco después del primer año de la guerra las bajas rusas en prisioneros, muertos y heridos pasaban de un millón, hecho que afectaba a muchos millones de familias rusas y a la economía del país; la cuarta fue la situación política derivada del atraso económico y social de Rusia, en virtud de la cual el gobierno ruso estaba encabezado por un zar (emperador), y era el quien cargaba con la formidable oposición provocada por el estado de la guerra y la situación de hambre de las grandes masas del pueblo que se agravo a fines de 1916 y principios de 1917; la quinta fue la necesidad de hacer la revolución democrático burguesa destronando al zar para formar un gobierno de la burguesía que pudiera mantener la guerra y por tanto la alianza con Francia e Inglaterra, países de los que procedían los capitales invertidos en las más importantes industrias rusas, entre ellas las que fabricaban armas.

El derrocamiento del zar tuvo lugar a fines de febrero de 1917, fecha del calendario ruso. Con el empezaron la Revolución Rusa y las movilizaciones de las masas que esperaban el final inmediato de la participación de Rusia en la guerra. El nuevo gobierno, formado por los representantes de la burguesía, no podía pedir la paz porque los nexos económicos de la burguesía rusa con las de Inglaterra y Francia hacían del gobierno ruso una extensión de los de esos dos países, que encabezaban al grupo de Estados envueltos en la guerra en contra de la alianza Alemana-Austrohúngara-Turca; pero al mismo tiempo que no podía pedir la paz, el nuevo gobierno ruso no podía oponerse a la entrada en Rusia de ciudadanos rusos que vivían en otros países desterrados por el gobierno del zar. Entre esos desterrados estaba Nicolás Lenin.

En Lenin se reunían las condiciones de un científico de la Política que conocía esa ciencia según la interpretación materialista que le habían dado Marx y Engels y las de un gran táctico; es más, la medida de la capacidad táctica de Lenin solo puede ser expresada correctamente diciendo que fue un genio táctico; pero a lo dicho había que sumar otra condición: su jefatura de un partido dotado de una doctrina social revolucionaria y organizada de tal manera que podía llevar a cabo grandes campanas de agitación y al mismo tiempo contaba con un numero de líderes suficiente para desempeñar todos los cargos de dirección de un gobierno si se presentaba la ocasión de que tuviera que gobernar el país.

Ese partido era el Bolchevique*, al cual se unió León Trotsky tan pronto Lenin llego a la capital de Rusia y en esos momentos Trotsky era el presidente del Soviet de San Petersburgo, en el cual estaban representados numerosos sectores de las fuerzas populares de la ciudad, entre ellos los trabajadores y los soldados.

Debido a su extraordinaria capacidad táctica, Lenin se dio cuenta, a poco de llegar a San Petersburgo, (lo que sucedió en marzo de ese año 1917 según el calendario ruso), de que el gobierno estaba atrapado en una situación sin salida porque las masas del pueblo, incluyendo en ellas a los soldados, reclamaba el fin de la guerra pero el gobierno no podía oír ese clamor sino que al contrario, enviaba constantemente más jóvenes a morir en las trincheras, y al mismo tiempo cada vez eran más escasos los alimentos porque cada vez eran más los campesinos que tenían que abandonar los campos para ingresar en las filas de los soldados.

Todos los componentes de la crisis que la guerra había desatado sobre Rusia convergían en un punto: obreros, campesinos, jóvenes de las clases populares quedaban convertidos en soldados, y para esos soldados, sus padres, sus hermanas, sus novias, sus mujeres, esto es, para la gran mayoría del pueblo ruso la guerra era la muerte, la perdida de sus seres queridos, el hambre de la población civil; era, en suma, el agravamiento a niveles alarmantes de las condiciones materiales de existencia de las grandes masas rusas.

Para enfrentar esa situación invento Lenin la consigna de “Pan, Paz y Libertad”, que no tenía relación con problemas ideológicos’ con ella se hizo el segundo episodio de la Revolución Rusa, el de la conquista del poder**, y quienes lo llevaron a cabo no fueron ni los obreros ni los campesinos, a los que les tocaría actuar inmediatamente después pero no en el momento del ataque frontal al gobierno de la burguesía fueron los soldados que tomaron al Palacio de invierno, desde el cual se controlaba el aparato del Estado.

¿Por qué ellos, que no formaban una clase? Porque eran ellos los que estaban destinados a morir a manos del ejército alemán, y entre esa muerte y la vida en Rusia, preferían la vida en su país, que no en vano Simón Bolívar decía y repetía una frase esencialmente materialista de que “el primer deber de todo lo que existe es seguir existiendo”.

Notas:

*El nombre completo del Partido mencionado por el compañero Juan Bosch era Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. La palabra bolchevique viene del ruso bolschetvo que quiere decir mayoría. El ala de Lenin era el ala mayoritaria en ese partido y de ahí el nombre.

**Lenin se refiere a la segunda etapa de la llamada Revolución de Febrero, que dio paso a la revolución socialista de obreros, campesinos y soldados rusos del 25 de octubre de 1917, conocida como Revolución de Octubre.

Juan Bosch: Ideología y táctica en la actividad política

Por Domingo.com/la Revista

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